Cómo se hizo – La casa Lercaro.

La edición canaria de El círculo platónico constituyó de nuevo un éxito de ventas en la navidad de 2011 a 2012. Había que afrontar el reto de una nueva novela. Tenía dos posibilidades, según el plan inicial de desarrollo literario. O bien Tiempo Sur, o bien La casa Lercaro.

En octubre de 2011 pude realizar un viaje que llevaba más de un año planeando. La búsqueda de los restos de la torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña, una fortaleza levantada al final del siglo XV en la costa africana, enfrente de Fuerteventura. Este viaje, de carácter de investigación histórica, tuve la suerte de poder culminarlo con plenitud. Encontré los restos y comprobé que eran los de la torre en cuestión. Eso me indujo a la redacción de un libro de difusión histórica que se publicó en 2012 y, al mismo tiempo, dado lo reciente de la experiencia, ponerme a redactar la novela Tiempo sur.

Llevaba redactados nueve capítulos cuando, por esas cosas del azar, sostuve una conversación con el delegado en Tenerife de la empresa distribuidora de libros más importante de Canarias. A cambio de distribuir las próximas novelas, ellos conseguirían que alguien de una editorial de difusión nacional leyera Ira dei, la ira de Dios.

El acuerdo se cumplió por parte de la distribuidora y pocas semanas después me llamaron de editorial Roca para comprar los derechos de publicación de Ira dei, El círculo platónico y La casa Lercaro. Evidentemente, publicar con una editorial importante era un anhelo incumplido desde que terminé de escribir la primera novela, por lo que llegamos a un acuerdo. La editorial quería plantear la edición de las tres novelas como una trilogía unida por el mismo escenario, la ciudad de La Laguna. Por mi parte no había mayor problema, así que aparqué de modo transitorio la redacción de Tiempo Sur y me metí de lleno con La casa Lercaro.

Tenía una especial predilección por escribir sobre la casa Lercaro, una mansión familiar centenaria de La Laguna reconvertida en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife. Allí había dado varias conferencias de contenido histórico y organizado un pequeño congreso sobre Historia del Azúcar en Canarias. Además, el edificio poseía el interés añadido de contar con la leyenda más literaria de la ciudad de La Laguna: la del fantasma de Catalina, la novia suicida. Cuentan que en época indeterminada, siglos XVI o XVII, la hija del dueño de la casa fue forzada a casarse con un hombre mayor al que no amaba. Para evitar la consumación del matrimonio, Catalina se arrojó la noche de bodas al pozo de la casona. Dado que no fue enterrada en suelo sagrado, se cuenta que su espíritu vaga por los pasillos de la casa por las noches. Eso dicen. Con independencia de la existencia o no de fenómenos extraños en la casa, me seducía contar una historia de intriga policiaca aderezada con el elemento sobrenatural.

La labor de documentación para la novela fue doble. Por un lado, una investigación de archivo que contaba con la ayuda de especialistas genealógicos para averiguar lo máximo posible sobre los habitantes de la Casa Lercaro. Si en Ira dei yo planteaba como personaje al marqués de Fuensanta, ficticio por completo, en La casa Lercaro me tenía que enfrentar a personajes históricos, con lo que las referencias a los miembros de la familia Lercaro debían ser rigurosas. Descubrí, con la ayuda de mis amigos Carlos Rodríguez y Lorenzo Santana, que no existía candidata al puesto de fantasma en la familia. Aparecieron varias Catalinas, pero ninguna daba el perfil de novia suicida. Dos mujeres del siglo XVII, Francisca y Úrsula, tal vez podrían haber estado en el origen de la leyenda. Pero se quedaba en eso. Pura leyenda.

Por otro lado, el trabajo de campo, por así decirlo. Varias visitas a la casa museo examinando de cerca toda la edificación, tanto los lugares abiertos al público como los que no lo estaban. Además de estos recorridos exhaustivos, me puse en contacto con Fernando Álvarez, un investigador de fenómenos paranormales, que colaboró conmigo de manera fabulosa contándome sus experiencias en la casa y concertando para mí la visita de la mansión acompañado de una sensitiva, Olga Luna. Con ella avancé por las estancias y pasillos de la casa, y tomé nota de los fenómenos que ella decía ver. Una transcripción casi literal de lo que sintió aparece en la novela, en el recorrido que hacen Antoinette y Ariosto por el museo.

La casa Lercaro es una novela que trata de la búsqueda de un tesoro escondido, una aventura clásica en la que la casona del siglo XVI es un personaje más, y con la que termina la trilogía denominada “de La Laguna” o “Ira dei”. Esto no quiere decir que nunca más escriba sobre esa ciudad, sino que, por el momento, tengo otros proyectos en mente.

La redacción de La casa Lercaro me llevó nueve meses de 2012. En junio de 2013 apareció la edición nacional de Ira dei, con presentación en la Casa del libro en Madrid, en la que acompañaron Juan Cruz y Nicolás Castellano, y estuve presente días después en la Semana Negra de Gijón. En enero de 2013 salió a la luz El círculo platónico en versión Roca editorial y apenas dos meses después, en marzo, La casa Lercaro.

Las presentaciones tuvieron lugar tanto en La Laguna como en Santa Cruz de Tenerife. En la primera ciudad, tas un paseo multitudinario por la ciudad, presentamos el libro en el patio de la propia Casa Lercaro, con una escenificación del primer capítulo de la novela en la que los asistentes hacían de extras. Me presentaron la novela Amaya Conde, Ana Oramas y Colola Chinea, ya por entonces seguidoras de mis novelas.

En la segunda, en el Real Casino de Santa Cruz, actuó como presentador el periodista Eduardo García Rojas. En Las Palmas, unos días después, estuvieron José Luis Correa y Daniel Montesdeoca.

La casa Lercaro no salió ese año en Navidad, pero también fue un éxito de ventas, esta vez con llegada inicial a todas las librerías de España, que se mantuvo durante 2013 en lugares visibles en las estanterías.

Tocaba entonces retomar Tiempo Sur, la novela iniciada y que se quedó a medias. Pero esa es otra historia.

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