Cómo se hizo – El círculo platónico

Durante la redacción de Ira dei fueron surgiendo ideas para futuras novelas. Una de ellas planteaba realizar un recorrido por La Laguna, una trama que exigiera la visita de edificios importantes de la ciudad. El logotipo del ayuntamiento, una rueda con radios que pretende simbolizar la ciudad circular de Platón, fue la base de donde partir.

De hecho, el título, y casi la portada ya estaban pensados antes de comenzar la redacción de los capítulos. Así, en la primera edición de Ira dei en su versión canaria de diciembre de 2010, en la solapa interior trasera aparecía una portada inicial –que luego no fue la que se publicó-, pero que evidenciaba la idea de la rueda platónica como elemento primigenio de la historia.

A título anecdótico, es preciso decir que también apareció en esa solapa otra portada de una novela que iba a titularse Tiempo Sur, que posteriormente se convirtió en El viento del diablo –en su momento hablaremos sobre el cambio de nombre- y, en la otra solapa, ya adelantaba que la tercera novela lagunera se titularía La casa Lercaro.

Eran ideas iniciales, que provocaron títulos muy tempranos, y que con posterioridad se harían realidad.

Con El circulo platónico traté de cambiar el registro utilizado con Ira dei, y me propuse escribir un thriller contrarreloj, que transcurriera en muy poco tiempo. Había que relacionar tiempo y espacio y surgió la resolución de un enigma. ¿Para qué resolver un acertijo? Para encontrar algo. ¿El qué? Debía ser  una cosa o una persona. Decidí que fuera la persona, con lo que tenía entre manos una desaparición. Un secuestro.

Así surgió el secuestro del nuncio en La Laguna, y su localización siguiendo las pistas que uno de los secuestradores proporcionaba, a modo de desafío intelectual a uno de los personajes. El candidato solo podía ser Ariosto.

El siguiente paso era crear ese enigma. Había que hilar fino para que los personajes de la novela se vieran obligados a visitar en un corto espacio de tiempo una serie importante de edificios laguneros. Dada la configuración de la ciudad, los inmuebles debían ser religiosos, lo que determinaba también el texto del enigma.

Con estas premisas visité todos los edificios que aparecen en la novela, comenzando por el Obispado –que no es un edificio visitable-, en la que, por intercesión de mi amigo Aurelio Hernández, se me permitió acceder a la zona de despacho del obispo, que es justo donde me imagino que secuestran al embajador papal. Tras el Obispado vinieron las iglesias, ermitas y capillas de Cruz. A pesar de mi escepticismo inicial, logré encontrar en todas ellas elementos que se adecuaban a la perfección al concepto de pista que quería introducir en el texto. Y además, por esas casualidades, al echar un vistazo de su localización en un plano de la ciudad, observé encantado que podía delinear polígonos enlazándolos entre ellos. En segundos surgió un pentagrama y, por consiguiente, un pentáculo. Tengo que decir que el primer sorprendido de la aparición de estas imágenes fui yo mismo. Por un momento llegué a dudar si en realidad existía algo oculto bajo el plano de La Laguna.

Tras montar el  escenario, solo quedaba redactar la trama.

Para los detalles de las calles laguneras conté con la ayuda del doctor en Historia del Arte Carlos Rodríguez Morales, que sabe lo que se puede saber de la historia de la ciudad. Y en las artes latinas tuve la suerte de conocer a Miguel Ángel Rábade, profesor de literatura latina de la universidad de La Laguna, que se avino a hacer de cómplice en la traducción del enigma.

La redacción de la novela terminaría en torno a agosto de 2011 y, tras los trámites de impresión, los libros estuvieron en Tenerife en octubre. Así, pudimos preparar un par de presentaciones y una colocación correcta en las librerías sin tantas prisas como con la primera.

El lanzamiento se hizo según los cánones del mundillo de los distribuidores y libreros y la novela volvió a gozar de la aceptación del público canario. Al igual que Ira dei el año anterior, El círculo platónico fue una de las novelas de mayor venta en las navidades de 2011 a 2012.

Precisamente ese número de ventas es lo que llamó la atención de los principales distribuidores y, a través de ellos, a un editorial de Barcelona con tirada nacional.

El contacto se produjo y comencé a publicar con Roca editorial.

Cómo se hizo - El viento del diablo

febrero 12, 2019

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